miércoles, 11 de abril de 2007

La seguridad del burócrata y la cobardía del que no sabe revelarse


La Universidad en cuanto que contiene una “estructura organizativa caracterizada por procedimientos regularizados, división de responsabilidades y especialización del trabajo, jerarquía y relaciones impersonales”, constituye un tipo burocracia; quizás con una idiosincrasia particular, pero no por ello exenta de unas características comunes a otras formas burocráticas.

Los estudiosos nos dicen que en una burocracia degenerada:

1. Las competencias pueden ser confusas y utilizadas contrariamente al espíritu de la ley; a veces una decisión misma se puede considerar más importante que su efecto.

2. Los funcionarios pueden eludir responsabilidades y buscar su anonimato a través de métodos poco ortodoxos, evitando por ejemplo la documentación de sus procedimientos (o creando cantidades extremas de documentos caóticos, confusos).

3. El nepotismo, la corrupción, los enfrentamientos políticos y otras degeneraciones pueden contrarrestar la regla de impersonalidad, pudiéndose crear un sistema de contratación y promoción oligárquico, es decir, no basado en méritos.

4. Los individuos son tratados como objetos impersonales.

5. Los procedimientos empleados (de un carácter manifiestamente irregular) son cualitativamente distintos a los que podrían aplicarse de acuerdo a preceptos legales convencionales; esto provoca un sentimiento en el individuo de permanente inseguridad e indefensión, induciéndole conductas sumisas; el ciudadano tiene la percepción de que cualquier desviación podrían situarle más allá de la línea de la sospecha y abocarle a un destino incierto: por ello, permanentemente actuará movido por el deseo de adivinar qué conductas serán del agrado de los burócratas dominantes.

Incluso una burocracia no degenerada puede verse afectada por problemas como:

1. Rigidez e inercia en los procesos, tomando decisiones con lentitud o siendo imposible aplicarlas al presentarse casos inusuales, e igualmente retrasando los cambios, evolución y adaptación de viejos procesos a nuevas circunstancias;

2. Fanatismo, fidelidad y falta de crítica que hace considerar al sistema siempre perfecto y correcto por definición, haciendo que la organización sea poco proclive al cambio y a la autocrítica, resultando así imposible de darse cuenta de sus propios errores y limitaciones;

3. Caso omiso de opiniones disidentes, incluso cuando estas se adaptan mejor a las situaciones que la opinión de la mayoría;

4. Creación de más y más reglas y procesos, creciendo su complejidad y disminuyendo su coordinación, facilitando la creación de reglas contradictorias.


Dicho esto que cada cual saque sus propias conclusiones respecto a los concursos de habilitación y de acceso, a sus tribunales y a los candidatos que participan. A buen entendedor…

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