jueves, 12 de abril de 2007

Carta del soldado desconocido



(Sobre un concurso de habilitación en curso alguien comenta lo siguiente...)

Muchas gracias por vuestra iniciativa. Soy uno de los deshabilitados en esta convocatoria, y acepto vuestra buena idea de recurrir. Por ahora también permanezco en el anonimato, ya que no se puede esperar imparcialidad de un tribunal que no la ha tenido hasta ahora.


No obstante, e independientemente de lo injusto de este método o de si yo estoy o no objetivamente entre los mejores 20 currículum de la convocatoria, creo que no hay que permitir que este tribunal arbitrario e injusto se marche a casa sin complicarle las cosas. No servirá de mucho, pero hagamos que toda la comunidad de ingenieros sepan con nombres y apellidos quienes se han portado de manera tan cuestionable.


Y es que algunas de estas personas ya han perdido toda credibilidad, toda reputación, si es que alguna vez gozaron de ella. En mi caso, los dos miembros más maleducados del tribunal quizá sean quienes más tenían que hacer examen de conciencia. Uno de ellos, que no pasó su primera oposición a catedrático yendo solo. Otro de ellos, que no dirige una tesis desde hace 10 años y que acabó a tiros con su anterior equipo investigador.


Además, tengo constancia fehaciente, aunque nunca podré probarla, de la existencia de recomendados, recomendadores y presidentes de tribunal. Pero ahora son personas dignísimas a sus ojos,por encima del bien y del mal. Creo que desconocen que ser catedrático y sentar cátedra no es lo mismo ni de lejos.


Me pregunto si serán conscientes de cuánto han perdido, de cómo se han desacreditado. Porque, aparte de profesores, somos ingenieros, somos colegas. Alguien se puede cuestionar si todo su trabajo científico no ha sido obtenido de la misma forma: mediante subterfugios, mediante coacción, sin un ápice de método científico o rigurosidad. Sin objetividad y justificando con sus torcidos argumentos lo que necesitan para obtener su fin, un fin totalmente alejado de la verdad. ¿Será toda su carrera profesional un reflejo de su comportamiento como miembros del tribunal?


A nuestros ojos han perdido toda su credibilidad, todo su supuesto prestigio, y es nuestra obligación que el resto de la gente conozca sus malas artes y puedan juzgarlos. Esto no debe salirles gratis.


No es la primera vez que me ocurre esto, y, aunque cambie la ley, no será la última. Pero es nuestro deber reclamar justicia y dar a conocer esta verdad a gritos. No para reclamar nuestra plaza, no para pedir una recomendación ni amenazar a nadie, sino para asegurarnos de que en la próxima convocatoria no haya personas en el tribunal que no lo merezcan y haya, así, un poco más de justicia.


¿Dónde estaba la endogamia, en los que trabajábamos todos los días para ganarnos un puesto o en los catedráticos apoltronados y corruptos que son incapaces de demostrar todas las virtudes de las que se ufanan? Por mi parte, contáis con un humilde servidor para exigirles cuentas a este tribunal.


Un saludo.

1 comentario:

Inhabilitados dijo...

Gracias a ti por tu valentía y por decir verdades como puños nombrando las cosas por su nombre, ni más ni menos.

Una acción en reclamo de justicia como la que propones abordar puede, como tú nos dices, no servir de mucho, que únicamente pretende poner en evidencia (aunque fugazmente) al tribunal. No obstante, no resulta tan evidente de que entrar de pleno en el asunto sea un mero ejercicio de pundonor: nada se tiene por defecto si nada se hace. Una vez iniciada la acción, lo que se consiga (o no) estará por ver.